lunes, 3 de agosto de 2009

Angelina Jolie quiere una tumba


Angelina Jolie y Brad Pitt forman un paquete aburridísimo. Es leer sus nombres y abrírseme la boca como a una princesa belga.

No es que piense que ser princesa belga lleve aparejado el tedio, que también. Es por la simpática foto en el «Point de Vue» de Louise, de 5 años, hija del príncipe Laurent.

Se la ve bostezando en un desfile mientras su madre le tapa la boca disimuladamente y mirando para otro lado, como Manolete.

Las princesas también bostezan. Por cierto, el «Point de Vue» dedica una página al vestido blanco de Doña Letizia que Felipe Varela puso de rebajas en su tienda de Ortega y Gasset.

Hay foto de la Princesa con él puesto y foto del escaparate con el modelo y el mismo cinturón.

Pero retomo a Brad y Angelina. Ellos no tienen la culpa de resultar aburridos. Es el sistema, que proporciona noticias sin interés porque la máquina no da para más. Que si se separan.

Que si Brad ha abandonado la casa que tienen alquilada de Beverly Hills para irse a una de dos habitaciones (aquí la noticia es que tengan un hogar en Beverly Hills cuando no tienen sitio fijo ni para parir).

Que si Angelina viaja por el mundo como el capitán Tan en razón de su cargo en las Naciones Unidas. Que si Brad se ha comprado una moto nueva toda cromada (será para meterla en el salón de su casa de dos habitaciones, como Borja Thyssen).

Que a Shilou le gusta llevar la ropa de Maddox (esto no entra en el examen pero sube la nota: son una hija caucásica y un hijo asiático).

A veces el chisme es pelín diferente. El penúltimo va de tumbas. Angelina tenía planeado que la enterraran (muerta) junto a su ex marido, Billy Bob Thorton.

Ya sé que la normalidad es una abstracción matemática; bueno, no lo sé yo, lo sabe Robert Anton Wilson, que es quien lo sostiene, pero Billy Bob y Angelina juntos han sido una de las parejas más raras que ha dado el show business (contando incluso todos los modelos de Diane Arbus).

Angelina no tendrá un seguro del Ocaso pero, previsora, había comprado dos huecos para el descanso eterno de ambos en Louisiana.

Ahora ha cambiado de opinión y está tratando de persuadir a Brad para que tomen la decisión de dónde ser enterrados, cosa que a él le parece malsana, siempre según el «Mail on Sunday».

¿Y no le parece malsano que quisiera enterrarse con su ex marido? Porque eso es peor que el esperma que Cameron guardaba de su marido fallecido y que tanto molestaba a Chase en el final de la última temporada de «House».

Pero tiene pelotones. Todos los tíos queriendo meterse en la cama con Angelina, y ella queriendo meterse en tumbas con los tíos de su vida. Esta se ha dado una mano de ver películas de la Hammer y se ve en la tumba con el camisón transparente.

En el mundo de Johnny Depp, la definición de lo que es normal desapareció hace mucho tiempo (trabajar con Tim Burton debe influir). Voy a probar yo también. Con Courtney Love. Una vez, hace años, la vi por las calles del Soho neoyorquino.

Me fijé en su hija, que no levantaba dos palmos del suelo y llevaba un abrigo de pieles alucinante.

Luego advertí que la madre demente que vestía así a la niña era Courtney. Ahora, con varios años más (con 45, los mismos que Brad Pitt, el que no piensa en enterrarse), la viuda de Kurt Cobain se está inyectando hormona del crecimiento para prevenir el envejecimiento (cuando debería buscarse una hormona para prevenir la fealdad).

Ni Botox ni antioxidantes, lo último es el Genotropin, cuyos viales se ha dejado en la habitación de un hotel en Los Ángeles (hace años, Nick Nolte contó que se ponía inyeccciones de hormona del crecimiento y testosterona como terapia antiedad).

Estos tratamientos no dejan de ser heterodoxos. Y raros. No me puedo resitir. Todos estos asuntos me parecen extraños.

También el sucedido de Naomi Campbell. Ahora resulta que ha pegado a un fotógrafo en una playa italiana.

Ya sé que vivimos en la cultura de la queja y la reclamación, pero una cosa es que una empleada se queje de que Naomi le pegue, y otra, que lo haga un tiarrón.

Si yo fuera un hombre me daría vergüenza presentarme en una comisaría a denunciar que una mujer me ha pegado. Por muy Naomi Campbell que sea. Vamos, que no es Xena.

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